Bilma, una gata siamesa con frondoso pelaje color vainilla y chocolate en sus patas, orejas, cola y hocico, pasó toda la tarde dormida frente a la chimenea de su dueña hasta que, de repente, despertó, se estiró y, arqueando su lomo, empezó a rascar frenéticamente su oreja.
—¡Maldita seaaaa! Qué picor más horriiiible, no puedo soportarloooo ¡Miauuu! —dijo en una postura acrobática.
—¡Oye, tú! ¡Pero, ¿qué te crees que estás haciendo?! —se oyó una vocecilla chillona y muy aguda a su espalda.
Bilma se dio la vuelta de un salto y observó a su alrededor, totalmente desconcertada, intentando encontrar a la dueña de la voz.
—¿Dónde estássss? —preguntó extrañada, con las orejas puntiagudas, en estado de alerta.
—Aquí, gata estúpida… Haz el favor de estarte quieta. Intento mantener mi casa ordenada para cuando llegue mi marido.
La gata dio otro salto sorprendida, sin encontrar a quién le hablaba.
—No sé quién eressss… No puedo verte, miauuu —movía su cabeza hacia todos lados.
—Estoy en la punta de tu nariz, señora zarpitas…
La gata se miró la nariz, poniendo sus ojos bizcos y se desconcertó al ver a un bichito pegando saltos.
—Y tú… ¿quién eressss?
—Soy tu vecina, y cada vez que te mueves, se tambalea toda mi casa… así que lleva más cuidado —dijo, poniendo sus patas delanteras en jarras.
—¿Vecina? ¿Qué vecinaaaa? ¡Miauuu!
—Soy tu vecina del ático… vivo en tus orejas y mi jardín queda a tu espalda… Me llamo Pulguita.
—¡Ah! Pues holaaaa… No sabía que vivía alguien sobre mí, hasta ahora. Mi mamá me cepilla todos los díassss y me pone una colonia especial, para que no haya bichossss. ¡Miauuu!
—¿Disculpa? ¿Me acabas de llamar bicho? —la miró enojada.
—Eh… no… Bueno… eres una pulga, ¿nooo?
—Sí, lo soy… y tú la peor anfitriona del mundo.
—Lo sientoooo… pero cada vez que te mueves, me pica todo el cueeeerpo. ¡Miauuu!
—Acostúmbrate… mi marido y yo estamos de luna de miel y quiero que salga todo perfecto.
—¡Oh! Enhorabuenaaaa, pero… ¿cuánto tiempo vais a quedaros en mi orejaaaa?
—Todavía no lo hemos decidido pero de momento nos quedamos esta noche…
—Hmm… está bieeeen, espero poder pegar ojo. Mañana mi mamá me tiene que llevar al veterinario muy tempraaaano. ¡Miauuu! —se estiró y se volvió a recostar en su camita.
—¿En serio? No sabía que teníamos contratado el servicio turístico —le brillaron los ojos.
—Estoy segura que, si os agarráis bien a mi orejaaaa, podréis encontrar otro anfitrión mucho más peluuuudo que yo en la consultaaaa —dijo, empezando a mover su cola de un lado a otro.
—¡Estupendo! Entonces voy a preparar las maletas, vecina. Cuida de mi casa mientras estemos de viaje.
—¡Pasadlo bieeeen, veciiiina! ¡Miauuu!
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