Discurso hecho por una sola persona o personaje, en el que habla consigo mismo o lo utiliza para reflexionar.
Normalmente se usa en obras dramáticas, comedias o monólogo interior, para exponer los pensamientos más profundos del personaje.
El ejemplo más común del monólogo dramático, es la obra Hamlet de William Shakespeare.
Ser o no ser, he aquí la cuestión. ¿Qué es más elevado para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o tomar armas contra el piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? Morir…, dormir; no más ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y al los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir… dormir, tal vez soñar! ¡Si, ahí está el obstáculo! Pues es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevivir en ese sueño de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida (…).
Un ejemplo de monólogo cómico: Leyendas urbanas, del Club de la Comedia.
¿Recuerdan la anécdota del perro de Sorpresa sorpresa? Sí, hombre, una chica a la que le iban a dar una sorpresa con Ricky Martin metido en un armario… que ella tenía un bote de mermelada… y entonces llamó al perro, y como creía que estaba sola… se desnudó.. y después… ¡Resultó que era todo mentira! Pues todo el mundo decía que lo había visto. Bueno, todo el mundo no, los amigos de los primos de todo el mundo. Porque tú preguntabas a cualquiera:
– ¿Pero tú lo viste?
Y te decía:
– No, yo no, pero lo vio un amigo de mi primo (…).
Ejemplo de monólogo interior: Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.
Nunca lo entenderás, pero a una mujer, no sé cómo decirte, le humilla que todas sus amigas vayan en coche y ella a patita, que te digo mi verdad, pero cada vez que Esther o Valentina o el mismo Crescente, el ultramarinero, me hablaban de su excursión del domingo me enfermaba, palabra. Aunque me esté mal decirlo, tú has tenido la suerte de dar con una mujer de su casa, una mujer que de dos saca cuatro y te has dejado querer, Mario, que así qué cómodo, que te crees que con un broche de dos reales o un detallito por mi santo ya está cumplido, y ni hablar, borrico, que me he hartado de decirte que no vivías en el mundo pero tú, que si quieres. Y eso, ¿sabes lo que es, Mario? (…).









Deja un comentario