Cuando estamos narrando un texto, a veces, nos surgen algunas dudas de cómo se escribe lo que piensa nuestro personaje. Vamos a verlo con más claridad.
Primero hay que explicar que existen dos formas de hacerlo: el modo directo y el indirecto.
Veamos para qué y cómo se utiliza cada uno y cómo podríamos usarlo de mejor forma.
En el estilo directo, las palabras de nuestro personaje se muestran tal como este las ha pronunciado: de manera verbal o en su cabeza.
Siempre emplearemos comillas «», para expresar el pensamiento del personaje.
D: «María, me tiene harto. No para de hablar», pensó Pedro.
I: Pedro pensó que le hartaba la conversación, porque María no paraba de hablar.
D: Todas las persianas de la casa estaban echadas. «¿Salieron sin avisarme?», se preguntó María.
I: Todas las persianas de la casa estaban echadas. María se preguntó si habían salido sin avisarla.
En el estilo indirecto no utilizaremos comillas, pues el narrador es quien cuenta lo que el personaje está pensando.
También puede suceder, que en un diálogo nos encontremos un pensamiento, pero, aunque no sea lo corriente, puede pasar. Entonces, ¿cómo usamos los pensamientos dentro de un diálogo?
Miremos el ejemplo siguiente: un personaje cuenta una anécdota a otro.
—María y Pedro se encontraron la semana pasada.
—¿Y qué sucedió entre ellos?
—Se saludaron y se mostraron cordiales a pesar de la situación. «Menuda sorpresa con María. No la esperaba en el club de lectura. A ella no le gusta leer», pensó Pedro, sin atreverse a decir nada, aunque luego me lo confesó.









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